Si escribes, escribes para alguien. No lo olvides. Hay que determinar las características de ese ‘alguien’ es determinar cuál es la mejor manera de llegar al lector.
Por eso, antes de escribir, averigua si tu audiencia se compone de personas de distintos antecedentes culturales o si se trata de un público definido por algún interés o habilidad especial. Así, por ejemplo, no será lo mismo escribir artículos para el colegio de traductores que para las madres con bebés de menos de un año.
Cuando hayas determinado quién es tu público objetivo y hayas desarrollado los primeros artículos, siempre léelos algunas horas, o por lo menos algunos minutos después de haberlos escrito, y poniéndote en la piel de tu lector. Piensa: si tuviera un bebé de 6 meses y leyera esto, ¿me resultaría interesante / necesario? ¿Lo comprendería? ¿Tendría deseos de seguir leyendo o de abandonar la lectura luego del primer párrafo?
No olvides que el lector de Internet es uno de los públicos más exigentes: si no captaste su atención su interés en los primeros párrafos, quizá lo hayas perdido para siempre. Después de todo, ¿por qué seguiría leyendo algo que no le satisface, habiendo tanta información disponible a un clic de distancia?
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